Hoy nuestros destinos se vuelven a cruzar en el mismo lugar donde emprendieron vuelo por separado, han pasado los segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, hemos cambiado, todo a cambiado, y no hay vuelta atrás, la esencia de aquel entonces se ha perdido, pero siempre queda aquel pecado que nos unió; el deseo.
Aquel con el que me come tu mirada y te envuelvo en mi sonrisa, y nunca nunca se para.
Ya está, las luces se apagan y me quedo sola frente aquel lugar donde nuestros caminos se bifurcaron, sola, como aquella vez, pero ya no hay dolor o impotencia, sólo recuerdos, vuelo entre mis pensamientos, entonces me doy cuenta que la llama se apagó, con las quemaduras de aquella llama curadas, observo qué ha sucedido, y es que la llama que te reemplaza, arde tanto y tan fuerte, no hay color, una vez más, Adiós, pero esta vez, para siempre.
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