En efecto, quiero que lo hagas, que entres en mi vida y cambies todo, que cuando esa persona me ponga de mal humor, sólo me baste un mensaje tuyo o tu sonrisa para sonreír contigo, un abrazo que me haga flotar en el aire y que aunque sea tímidamente mi sonrisa te enamore, y cómo no que te fijes primero en mis ojos casi negros, pero con el mismo brillo que el de una esmeralda.
No, no es fácil, pero si ha sucedido es por algo, olvida el resto cómo yo también lo haré y no, no permitas que se deshaga en tus manos, porque es ahí donde está, en tus manos.
No vengo con manual de instrucciones, está claro y si lo hubiera sería de diez tomos, con versículos incluidos. Supongo que tú tampoco, pero quizás esa sea la mejor parte, descubrir cada día un pedazo de ti, que sin duda será un tesoro que guardaré en mi memoria y quizás algún día en mi corazón.
No, no vengo con manual de instrucciones, ni hace falta, puedes entrar en mi mundo, hazlo despacio, lento, según te plazca, pero cuando salgas procura que la puerta esté cerrada, con llave y asegúrate de que no me he quedado con una copia de ella, podré salir a tu encuentro y volverte a traer.
Sí, no te esperaba, pero deja aquí tu equipaje, tienes donde quedarte.
y que sea, por mucho tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario