El amor, ese gran desconocido, se puede definir de tantas maneras... según su forma, momento, circunstancia e incluso medida, hasta tipo como el chicle.
Un día sin saber cómo ni por qué, en un día normal, de forma casual y repentina, aparece algo en tu vida que torna todo lo que ya estaba escrito y, sin llegar a comprender muy bien por qué tu vida ya ha cambiado, justamente en ese instante en el que entra en tu vida, cambiando tus planes y perspectivas.
Pero es justamente el momento si quieres que sea caramelo, del que se disfruta cada instante, sin dejar nada más que un suave recuerdo en el paladar, o chicle, efímero como ninguno del que se saborea el principio lleno de chispa y magia, pero con el tiempo y de tanto roer, se pierde la ilusión cayendo en la monotonía y perdiendo su encanto, quedando un molesto recuerdo y masa intragable, que te formará un nudo en la garganta cada vez que te despistes quedándote sin oxígeno y atragantando tu existencia, aceptando que por mucho que intentes recuperar el sabor, nunca será como al principio, por que ni la mejor de las aguas curará cada mordisco que le des.

Perfecta entrada mejorchu, sin duda escribes genial y las ironias que sacas vienen perfectas, ya me entiendes, Genial. tequi
ResponderEliminarMuchísimas gracias mejorchú,eso intento
ResponderEliminarYo más (L